El sentido de la propuesta
¿Por qué es importante vivirlo?
Porque muchos hombres fueron educados para aprender a desenvolverse en el mundo exterior, pero no necesariamente para comprender su mundo interior.
Aprendieron a hacer. Resolver. Trabajar. Producir. Proteger. Aguantar.
Y cuando no existen herramientas para reconocer y expresar lo que pasa adentro, muchas veces eso aparece de otras maneras: distancia, irritabilidad, exigencia, desconexión, dificultad para pedir ayuda o problemas para comunicar lo que necesitan.
El trabajo corporal y emocional propone ampliar esas herramientas. No para construir un “nuevo modelo de hombre” al que tengas que adaptarte, sino para que puedas decidir conscientemente qué clase de hombre querés ser.
¿Tengo que hablar de mis cosas delante de todos?
No. No necesitás contar situaciones personales que no quieras compartir.
Las dinámicas permiten trabajar desde la experiencia, el cuerpo y la reflexión sin obligarte a exponer tu intimidad. Cada participante decide hasta dónde quiere compartir.
El respeto, los límites y el consentimiento forman parte del espacio.
¿Y si esto no es “para mí”?
No necesitás considerarte espiritual. No necesitás saber tantra. No necesitás meditar. No necesitás sentirte cómodo hablando de emociones.
De hecho, podés llegar sin saber exactamente qué estás buscando. Solo necesitás tener curiosidad por conocerte desde un lugar diferente.